lunes, 10 de septiembre de 2012

Éxodo 252



Advertencia: La siguiente entrada puede ser muy personal y quizá pueda ser modificada parcialmente para mantener el anonimato de las participantes.


Hice cuentas, he conocido a 252 mujeres en lo que he llevado de vida, mujeres que, de alguna forma me han atraído con peculiares características a hablarles. Supongo que en un número reducido porque no soy muy social. Busqué en los álbumes de fotos, en las agendas antiguas, en archivos de discos compactos, discos de 3 ½, impresiones, cartas, poemas, regalos, recuerdos, literalmente, no he dormido por encontrar el número exacto  de personas de mi sexo opuesto que he conocido.

Lo más lógico es empezar de la A a la Z, bueno, a la Y porque no conocí a nadie con nombre que empiece con Z. No sé cuánto tiempo me lleve hablar con las 192 mujeres, pero necesito hacerlo y debo lograrlo. Y, si conozco a alguien más, debo incluir y saber también lo que piensan, si, lo que piensan porque tú, que lees esto estarás preguntándote ¿Para qué quiere este fálico egocéntrico contactar a las 252 mujeres que ha conocido en lo que lleva su vida? Muy sencillo; ego. ¿Pues qué no eso hacemos cuando éste está por lo suelos? Bueno, el mío, en estos momentos que lees esto a de estar por el manto, casi al núcleo exterior de la tierra, literalmente. Y a quién no le gustaría saber qué pensaban realmente las personas que conocimos y que, de alguna forma existía un apego o atracción.

No será fácil, el primer nombre es de alguien que apenas dejé de hablar y me prometí no volver a hacerlo, sin embargo, será de las personas que más fe tengo en, ya saben, eso que les acabo de decir y que está mal, en cierto punto. Quizá deberías estar al pendiente en saber cómo un absurdo personaje descubre qué tanto se ha desempeñado a nivel emocional, expresivo, lingüístico, cultural y sexual. Y lo más importante; saber que en alguien he dejado algo que, a pesar del tiempo nadie ha vuelto a hacerlo como yo.



   Hola
   Hola
   ¿Cómo estás?
   Extrañada por tu llamada
   Las cosas de la vida ¿no? Pero bueno
   ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
   Sí gracias. Oye, en la escala del 1 al 10 ¿qué tanto consideras tú que…

domingo, 9 de septiembre de 2012

Una supremacía fálica



Puedo asegurar que a todos los hombres en una edad adulta, han sufrido de una parcial, ligera o severa dificultad sexual; eyaculación precoz, disfunción eréctil, eyaculación retardada entre otros. Y sí, dije todos, así que en ésos yo estoy incluido. Por lo tanto este comparativo no es autobiográfico del mismo autor de ésta… no necesariamente. 

Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para alguien más.

Todo se relaciona con el tamaño; qué tan grande hacen -y se compran- los carros, qué tan alto puede ser un edificio, cuál es la necesidad de dejar marcado un lugar. El falocentrismo de freudiano como menciona Michèle Montrelay en su  Recherches sur la féminité, el complejo de castración por un edipismo latente y la afánisis –pérdida parcial o total el gozo- puede ser una respuesta a la gran variedad de acciones de los masculinos porque, así como en las mujeres se dice hilarantemente sobre sus cambios de humor generados por las hormonas, los hombres también –aunque de menor manera- tienen su lado humorístico de lo catastrófico que puede ser uno de los actos más significativos y placenteros de todos: el sexo.

Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para alguien más.

Aunque nuestras psicologías y ciencias tengan alguna noción sobre cómo opera la mente, uno se tarde o temprano se da cuenta de todo lo que "sabemos" del aparato psíquico que, en realidad es una hipótesis de trabajo. Hace 200 años los "científicos" sangraban a la gente para curarla, y no hace pocos años se creía que Plutón era el último planeta del sistema solar. Lo que se "avanza" como humanidad en cualquier campo es decir, el hecho de poner a disposición de los demás una idea, concepto, noción, valor y técnica es sólo un paso en la medida de nuestra ignorancia. Las cosas son importantes porque creemos que son importantes. Nada es de suyo importante. La humanidad es una hipótesis de trabajo y el sexo es la calificación de ese trabajo. 

Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para alguien más.

Mi cuerpo es la mejor manera de expresar mis sentimientos:
me permite decir el instante
de nuestro instante.

Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para alguien más.

Tu cuerpo es una manera de expresar tus sentimientos:
transformas el placer eterno
en un acontecimiento.

La fuente de la autocensura fálica, la supremacía del más apto,
el más apto en el sexo, el más apto en proceso
la autocensura en el sexo, la autocensura con fundamentos:

“El sexo es como una partida de mus: Si no tienes una buenapareja… más te vale tener una buena mano.”
– Woody Allen Mae West

“Las mujeres son capaces de fingir un orgasmo, pero los hombres pueden fingir una relación entera.”
– Sharon Stone    


"No, lo que realmente los Beatles quisieron decir es que el orgasmo que recibes es igual al orgasmo que haces al final"
Edmond Goncourt  

“Las mujeres necesitan una razón para tener sexo. Los hombres sólo necesitan un lugar.”
– Billy Crystal


"Lo que según yo hice en 20 años de matrimonio, alguien más lo hizo en 20 minutos"
Jules de Goncourt

“Mi novia siempre se ríe mientras le hago el amor — no importa lo que esté leyendo.”
– Steve Jobs


“El problema es que Dios le dio al hombre un cerebro y un pene, y sólo suficiente sangre para que funcione uno a la vez.”
– Robin Williams


“Un intelectual es alguien que ha encontrado algo más interesante que el sexo.”
– Edgar Wallace




Voy de mí hacia mí mismo. Pero hay suficiente espacio para ti, para mí y para alguien más.

martes, 3 de julio de 2012

Llámanos.



Oh patria, qué has hecho hoy,
sí, hoy porque el ayer lo puedes justificar,
el futuro se puede planear, pero no,
no patria nuestra, del hoy  no podemos escapar.

Oh bandera que has sido usada,
por famosos personajes traidores a ti,
famosas instituciones  traidoras a ti,
movimientos a favor de ti,
protesta y deja de ondearte.

Oh himno bélico,
yo no te daré mi grito de guerra,
ni rugiré al sonar tu cañón,
no mi hermoso himno que en el cielo tu eterno destino,
por la escritura con un dedo de algún Dios.

Oh patria querida,
que el cielo un mexicano en cada hijo te dio,
protesta, tú que puedes hacer,
que todos te volteen a ver.
Sin importar lo que tenga que pasar,
o lo material que tenga que dejar,
para que Mexicanos al grito de lo que quieran,
una democracia ciudadana,
una conciencia complementaria,
una educación amada,
una tradición nativa.

Así que, oh patria nuestra,
si soy llamado de nuevo a portar mi chaleco roto,
con estoperoles y parches rojos de lucha social,
volveré a untármelo a la piel,
como cuando era el joven estudiante,
con cabello largo o moica de colores,
con los libros portados en las marchas,
mientras era juzgado por lo que en un día me convertiré.
Llámame cuando sea el momento,
llámame sin un arma en la mano,
sin una granada de odio deleznable,
llámame porque todos ya están ahí esperándonos a todos,
llámanos, grítanos en cada conciencia de la derecha y la izquierda,
de los de arriba y los de abajo.



Que la nación lo demande,
que los músicos lo canten,
que los artistas lo plasmen,
que los ingenieros lo armen,
que todos nos alcancen,
vestidos con nuestra ropa de la juventud,
por nuestro bien común.

Oh patria, empieza tu lucha.

Llámanos aunque no tengas voz,
a pesar de que seas un símbolo de los fascistas,
sin importar lo corrompible que seas,
a pesar de que para muchos no existas,
llámanos para defender tu honor.





viernes, 29 de junio de 2012

Ironía de la coincidencia


Existe un documental  muy bueno llamado La Corporación que salió en el 2003 hecho por unos canadienses. En ésta plantean una crítica hacia las corporaciones con el subtítulo de ¿Instituciones o psicópatas? Y que durante las más de dos horas comentan sobre la falta de ética que tienen las empresas al hacer sus negocios. Así como en Tiempos Modernos de Charles Chaplin en 1936 que desde ése entonces ya existía esa forma de crítica. Un pensamiento en serie, ya pre hecho todos nuestros actos.

Y así fue, siempre paso por el mismo lugar de regreso a casa, esquivo los mismos charcos y tierra mojada. Inclino mi cuerpo en la misma subida siempre evitando el resbalarme. Miro siempre el árbol de hojas secas.  Observo el letrero de “SE VENDE” de un departamento que lleva años sin ser habitado. Al cruzar la calle, meto mi mano a la bolsa para sacar un cigarro, y siempre prenderlo antes de terminar de cruzar. Hasta ese entonces saco mi celular para poner las mismas canciones que me acompañan de regreso a mi casa. Todo los días han sido así, lo mismo, sin ninguna variación, y cuando la hay,  suponía que no sabría cómo reaccionar.

Entonces fue hasta después de la trayectoria banalmente intrínseca que vi una llamada perdida —nadie me llama a esa hora—  me dije después de haber leído el nombre del remitente pero sin haber terminado de concluirlo sinápticamente.

—¿Por qué me llamó? ¿Hace cuánto? — así que sin tener un simulacro de qué hacer en estos casos decidí llamar de regreso inmediatamente.

Primer tono. Me muerdo el labio inferior de nervios.
Segundo tono. Exhalo aire hacia mi cabello mirando hacia arriba.
Tercer tono. Mis manos empiezan a ponerse frías —Algo le pasó, no contesta y bueno, aparte no tiene por qué ya llamarme más— me dije mientras llevaba mi mano a la frente y empecé a alejarme del lugar.
Cuarto tono. Tiro el cigarrillo a la mitad.

—Bueno— Contestó con una voz tímida, como hace meses.
—Hola, ¿Cómo estás? ¿Qué pasó? Vi tu llamada.
—Hola, sí, te marqué. Es que estaba pasando por aquí y te vi, pero no me viste y te marqué.Si, te vi. Hasta creo que me vio tu amigogresarme a
e concluirlo.
celular para poner las mismas canciones que me acompañan de r
—¿En dónde? — De alguna forma primitiva reaccioné. Ya estaba lejos de ahí.
—Por los camiones.
—¿Camiones? ¿Cuáles camiones?.
—Los camiones de aquí.
—Ah— no supe a qué camiones se refería —¿Y sigues ahí? ¿Dónde estás?— En ese momento quise parar mi camino y regresarme a los camiones.
—Si, te vi. Hasta creo que me vio tu amigo.
—Y ¿por qué no me gritaste?.
—No soy muy fan de gritarle a la gente— Qué mal, lo hubiera hecho. Pensé.
—Pues a mi amigo le hubieras señalado a donde estaba y ya.
—No soy muy fan de… señalar a la gente.

Y ahí empezó el momento de unos escasos segundos callados, queriéndonos decir todo, lo cuánto nos hemos extrañado, las ganas que aún tenemos de besarnos. De decirle “Espérame ahí, no te muevas, ya llego” o que me diga “Regresa, si te marqué es porque quiero verte otra vez, por lo menos que sea una última mejor vez.”

—Es que iba hablando, iba en tercer plano mi concentración diciéndole algo a mi amigo— Qué respuesta tan tonta.
—Y ¿Qué haces por acá? — Repliqué.
—Vine a visitar a mi papá, es que lo operaron de la rodilla y vengo a darle unas tarjetas— O eso creí que me dijo, estaba en una lucha moral de decidir si era lo correcto regresarme y pasar un tiempo juntos. Pero no podía dejar atrás el hecho de que tiene una nueva relación y que yo, ya lo estaba superando.
—¿Y está bien?
—Si, sí ya está mejor, gracias— Destacando su cordialidad, como siempre. Una de las tantas cosas que me cautivaron de su ser.
—Bueno, pues, qué mal que ya no nos pudimos ver.
—Sí.
De nuevo el silencio, y las pocas palabras que emitíamos eran con un tono de nerviosismo.
—Bueno— Mi palabra característica de mi estado parecido a un neurasténico.
—Bueno pues, que se mejore tu papá.
—Si, gracias.
—Y supongo que, bueno, pues, espero un día sí verte.
—Pensé que no querías contestar o no querer verme— Tenía tantas ganas de decirle “¡Si todo este maldito tiempo lo que he querido es verte y estar contigo como antes!” pero no.
—No cómo crees, es que soy, bueno, ya te diste cuenta que estoy en una distracción total, pero no era por eso, sí quiero verte.
No dijo nada, era claro que esperaba a que dijera la palabra clave, la que los dos necesitábamos. Y no la dije.

Rápidamente me dije que no debería colgar así nada más. Que dejara esa actuación lineal de siempre, sin importar todo el itinerario ya marcado por hora para este día, sabía que era la oportunidad que dejamos ir varias veces. Estar por última vez juntos, riéndonos, mirándonos, platicándole eventos históricos o científicos, contándonos historias personales al punto de mofarnos a pesar de que hayan sido malos momentos. Ir a restaurantes y sin darnos cuenta, nos trataran  los meseros como si ya fuéramos pareja. Lo sabía, acababa de ver un documental de más de dos horas diciéndolo con símbolos que está mal ser así. De eso iba discutiendo con mi amigo y concentrado en eso, queriendo hacerle entender a él y al los demás —Es que hay que cambiar nuestra forma de pensar y de hacer las cosas— le dije.

 Pero también sabía que ya no tenía por qué seguir buscando en todas partes a ver si estaba. Ya había dejado ése sentimiento amoroso que me hacía chiflar la principal estrofa de la canción que la había dedicado, de cantarla completa en la regadera, de buscar en fotografías alguna la similitud del sentimiento. Porque sabía lo que Marguerite Yourcenar parafraseó el siglo pasado, “No hay amor infeliz, sólo se tiene lo que se tiene. No hay amor feliz, lo que se tiene, ya no se tiene.”

Siempre pasa así, —o a la gente que somos así— se piensa tanto en el momento que, a la hora de la toma de decisiones se hacen mal. Sabía que mi ideología del amor fue inventada desde el siglo XII por tradiciones medievales, querer mandar al carajo o seguir linealmente el De Arte Honeste Amandi de  Andreas Capellanus. Decirle que no tiene descripción lingüística y etimológica la acción que hizo de volver a una relación cuando ya estábamos describiéndonos cuánto nos gustábamos y desde cuándo. Tenía ganas de ir otra vez por un yogurt orgánico pero que seguramente ya no era exclusivo de los dos. Expresar cuánto despreciaba su indiferencia mientras se relacionaba con otra persona. Volverle a cantar la canción que le dediqué una madrugada. Volverle a contar que los primeros taxis fueron idea de Franz Von Taxis en 1504, y que así creó por primera vez una línea regular de coches de correo entre Holanda y Francia. Corregirnos la ortografía con los mensajes que enviábamos por las mañanas. Hacerle burla sobre su tono de voz con timidez por teléfono. Volver a ser nosotros aunque, ya centrándome en la realidad, mejor que no diga nosotros, si no es conmigo.

Y antes de decirle algo, recordé lo que dijo Prince y que no tuve el valor de decírselo, “Puedo cenar en un restaurante lujoso, pero nada, nada se compara a ti.”
—Bueno pues, ya me voy.
—Ok, te cuidas.
—Igual tú.
—Bye.
—Adiós.

Qué imbécil soy, ya colgué.

lunes, 28 de mayo de 2012

Fe de erratas.


Hace unos días hablaba con alguien y le conté sobre una teoría que una vez había escuchado sobre "Las siete personas" que consiste en que todos conocemos a alguien que a su vez conoce a otro alguien y a su vez conoce otro y así sucesivamente hasta llegar a siete personas que conocen al presidente (por ser el personaje más céntrico). Bueno pues quiero decir que estaba mal, así lo recuerdo yo pero, documentándome para ser más interesante para alguien encontré que se llama "Teoría de los 6 grados" y dice casi lo mismo; cualquier persona del planeta está vinculada a otra a través de una cadena de no más de 5 puntos de unión. O sea seis niveles me separarían si no hubiera conocido a alguien.

En el mismo artículo hablaba también sobre un término llamado "Gebrydgumas" un concepto anglosajón antiguo que, según el escritor español Javier Marías el verbo original era ge licgan, significando ge como "camaradería, ligadura o unión" y licgan que quiere decir "yacer" o en términos modernos conyacer — o cofollar, cofornicación pues— y ¿quién no le ha pasado eso? esa sensación de no sé qué porque no tengo idea qué pasa, pero nos afecta de sobremanera cuando vemos la nueva pareja de alguien (alguien) con quien estuvimos hace poco o mucho tiempo —que no tiene nada que ver con celos— y justo ahora voy dándome cuenta del término.

—¡Carajo! Ahora soy el gebrydguma de ése. 

Y lo que hacemos instintivamente es stalkear a lo profesional, vemos cómo se viste, cómo sonríe, qué fotos sube, qué —pendejadas— publica, todo lo que se puede hasta que nos hacen recordar las páginas  web los términos y condición de privacidad de los usuarios. De igual manera vemos el friendship con una atención que jamás existirá en un estudio o examen. Hasta llegar al punto de decir "Qué imbécil soy".

Y sé que otras personas —incluyendo a uno de ustedes que leen esto— podrían decir "Eso qué, él no tiene nada que ver contigo" y si te conocen empieza la comparación de que, por alguna divina manera, uno es más guapo, con más estilo, más inteligente, más chistoso, más caballeroso más dinámico, más elocuente, más simpático, más chino, lacio o quebrado y hasta con mejores uñas de los píes, así hasta más de mil maneras de manipular la mente, nuestra mente en la percepción de la realidad. En lo personal yo no pido opiniones, sé que me harán creer que soy mejor en tonterías que el gebrydguma tenga o no. Otras personas se dan a la tarea de desprestigiarse a sí mismas diciéndose feos, gordas, gordos, tontos, tontas chaparros, pitochico pocaschichis. Después uno va encontrando los mejores términos peyorativos que el diccionario —tengo que confesar que yo he hecho eso— almacena y otros tantos que la Real Academia Española parece que avaló las palabras con base en las características de cada uno de nuestros gebrydgumas —Si, nuestros, porque a mí me une a él una relación putativa, como a ustedes también con sus respectivas ex parejas— Ahora puedo decir que, basándonos en la teoría de los 6 grados, también podrá ver (así como yo) quién es su gebrydguma.

Y me siento como un estúpido por haberme equivocado y no sólo me refiero a confundir las teorías, también el haber estado con una persona que es aberrante y ¿a quién no? Ese momento incómodo que descubres la verdad de cada ser. Sin embargo lo más maduro que uno puede hacer es hacer su fe de erratas con nuestras publicaciones diarias de vida, comportarse con respeto, cortesía y humildad, porque para eso estamos viviendo y  no caer en los escrúpulos más atroces que podemos tener ¿o no?... maldita perra.

jueves, 3 de mayo de 2012

Crónica de una despedida anunciada.

Me pondré la falda más cortita que tengo, usaré el perfume de mejor aroma, estrenaré el nuevo maquillaje natural y usaré la ropa interior más bonita. Me peinaré como nunca lo hago, limpiaré mis lentes y tendré los labios con brillo. Dejaré mi mochila con chicle pegado y usaré una linda bolsita. Me cortaré perfectamente las uñas y las desinfectaré, caminaré totalmente derechita y sin temblar. Apagaré mi celular, usaré las media mas lindas que tengo. Iré leyendo el libro que me regalaste y combinaré mi ropa con un par de aretes que me regalaste. Imaginaré que estamos en otro lugar que no es el metro. Y no me va a importar si al verte escucho el ruido de la gente ni el ruido de los vagones, me concentraré en tu mirada y tu aroma, lo guardaré en mi memoria de largo plazo, aunque tenga que olvidar algo del examen voy a mirarte y sonreírte como si fuera la misma persona de hace tiempo. Llegaré temprano y te agradeceré por haber ido, volveré a explicarte lo de los tres regalos faltantes, no me distraeré con nada ni nadie, no diré más de lo que no tenga que decir, no haré nada que tú no hagas primero. Suspiraré antes de acercarme a ti. Pensaré lo bien que te vas a ver, te daré los regalos queriendo hacer y decir más cosas y casi al final… buscaré tres moneditas de un peso para darme la vuelta e irme pensando en el transcurso del camino en ti..llegaré a la escuela más nerviosa por haberte visto que por mi examen, a las 3 horas del examen pensaré en ti, queriendo salir pronto para mandarte un mensaje aunque me dé un golpe en la cabeza al recordar que borré tus números para evitar la tentación de llamarte… y recordaré que los números los anoté con pluma negra en el libro que me regalaste y que llevaré en la mochila porque lo iré leyendo en el camino. Darán las 7 y mis amigos preguntarán por qué me vestí así...mientras la boca se me seca, no tendré hambre ni sed, me sentiré aliviada por haber terminado el examen pero aún me quedará la melancolía de haberte visto de manera exprés. Me quedará una espinita en el pecho y pensaré ¿Qué hubiera pasado si..?  

Regresaré a mi casa sabiendo que no estarás ni que pasarás... sabiendo que tendré que subir con la idea en la cabeza de que estás en otro lado... haciendo no sé qué. Me dará hambre y sólo comeré cereales. No abriré el Facebook aunque me esté muriendo de ganas. Me quitaré la ropa que con tanto cuidado pensé para ti. Intentaré no pensar en ti aunque no deje de hacerlo. Me pondré cómoda... me pondré mis hermosos patines y saldré a patinar mientras recordaré cómo frenar y cómo la pasamos bien el día que llegaste al parque con una botella de agua que no te he pagado. Me cansaré de patinar... regresaré a mi casa, miraré la computadora pero no la prenderé, me acostaré a leer..mientras me da sueño, esperando que a la mañana siguiente llegue un temblor a la hora que sea para recibir una llamda tuya... y después de mañana...será más difícil todo... querer levantarme... planear un día... 

 ¿Por qué? pues porque eres un niño increíble, y si a tu edad eres todo un hombre mágnifico de papá serás mucho mejor. ¿Por qué? porque sería muy lindo con lo que tú sabes y con lo que yo sé criar educar a una bolita hermosa ¿Por qué? porque si quiero ser mamá quiero tener de compañero a alguien de quién aparender siempre y saber que sería un maravilloso papá y una gran pareja, aparte tendría a una abuelita increíble y su papá podría darle de comer lo que a él se le antoje. Aparte, sería lindo, ¿no? si fuera niño sería todo un caballerito... le gustaría la fotografía y la natación, comería de todo y escucharía nuestra música, le enseñaríamos inglés desde pequeñito, le dejaríamos tener perritos. Y si es niña la vestiríamos igual que yo, la peinaría con trenzas y usaría Converse. Le pondría colores muy lindos pues, igual que al niño le enseñaríamos mil cosas, y eso si, su perrito, niño o niña sería el mismo trato, irían a clases de música, de baile, de pintura. Si fuera niña; las dos nos dormiríamos en tu pecho.

viernes, 16 de marzo de 2012

— No sé ni por qué decidí llamarte, sé que estás por irte a dormir porque temprano tienes cosas que hacer y que probablemente te interrumpí mientras le mandabas un mensaje de las buenas noches a él. Lo siento.

— No, no apenas estab...

— No, de verdad, no te quitaré mucho tiempo, te juro que es la última vez que te llamo tan tarde, tan raro y tan agitado, y sé que podría llamarte mañana pero no quiero marcarte otra vez y que estés con él aunque me digas que es tu papá, bueno, aparte sería absurdo colgarte ahorita que lo he hecho ya. De cualquier forma sólo necesit…

—Ey ¿Qué tienes? ¿Me estás diciendo mentirosa? ¿De qué est...?

— Escúchame, por favor, no me interrumpas. Sólo necesito decirte todo lo que ya no aguanto decirte, todas esas cosas que me llenan de inestabilidad y que no es sano y espero poder hacerlo de la manera más entendible y asimilable. Sólo no me interrumpas, al final podrás decirme lo que quieras pero por favor, te pido que no me digas nada mientras me desahogo, ¿ok? ¿Podrías prometérmelo? De verdad lo necesito decir ya.

— Pero no te entiendo, me sacas de onda. ¿Estás ebrio o te metiste alg...?

— Primero, debo decir que llamé a esta hora porque no me atreví a hacerlo esta tarde, ni en la mañana que me marcaste, independientemente de que sé que él estaba a lado tuyo, seguía con el dolor entripado de ver cómo también lo chuleas en su muro, y no, no te espié es ése maldito Facebook que te muestra todo, absolutamente todo y yo sólo miré. No te dije nada, fingí cuando me preguntaste que cómo estaba, no dije nada y lo hice porque, primero, necesitaba aclarar mi mente, después, porque supuse que me callarías como siempre o te enojarías. Ahora ya no me importa si te enojas por lo que tengo que decirte.

— ¿Me andas espiando en el Faceb...?

— No me interrumpas, cállate por favor y sólo escucha. No, y no ha sido la primera vez que me muestra conversaciones entre ustedes dos, no es la primera vez que la genialidad de Mark Zuckerberg me obliga a ver los poemas de Benedetti que él te dedica y tu también. Y en ese momento decidí ir a tu casa y darte los aretes que te iba a regalar, como una forma de gritarte ¡YO SÍ CUMPLO MIS PROMESAS! Rápidamente agarré las llaves del carro y me fui manejando demasiado rápido para llegar ya a tu casa. Pero estaba en la escuela, así que me quedaba cerca.

— ¿Viniste a mi casa? ¿A qué hora?.

— Entiende que necesitas escucharme sin decir nada, ¡por favor!. Todo el camino me la pasé escuchando el soundtrack de mi película favorita que sólo tu sabes cuál es. Ya cuando llegué ahí iba a llamarte y a decirte que estaba debajo de tu casa y que si no gustarías un café, cigarro y platicar sobre música, películas, lugares o burlándonos de nuestras carreras, y que cuando preguntaras que por qué estaba yo ahí te mentiría diciendo que fui a ver un problema de pagos con el inglés y que aproveché en verte ya que estaba cerca, iba a mentir pues aún no podía decirte la verdad, no te iba a decir que me salí de clases. Pensé que mientras caminábamos hacia el Café en la plaza de la esquina de tu casa te iba a contar qué cocine hoy y a qué sabía, ya después de que nos llevaran los cafés te iba a decir .

— En la mañana después de colgar iba a mandarle una foto a mi primo sobre un diseño que vi y me gustó mucho, mientras cargaba se actualizó el timeline que está del lado derecho y vi que él te comentó en un video que le dejaste hace unas horas. Decidí cerrar la computadora y pararme; según yo ya habíamos quedado en algo, pero aún creo que estás a punto de terminal con él y que no lo hacías ya porque no eres tosca con los sentimientos. Quería tomar algo fuerte, comprar bebidas alcohólicas y no ir a la escuela, pasarme el resto del día destruyéndome, como cuando era joven, pero no podía faltar hoy, así que me fui a la escuela y todo lo hice mal, el arroz se batió, los tamales no se cocían, el atole no espesaba, el mole no subía la grasa, nada. Cuando salimos ayer de clase, los del grupo decidieron ir por una. Accedí inmediatamente, llegamos y pedí una León, si, la misma que pedimos cuando salimos unos días antes, pero creo que eso no recuerdas, no es importante para ti como lo es para mi. Terminé la primera, listo. Pedí una segunda, listo. Pedí la tercera, la cuarta ya la tenía preparada la mesera que hoy se veía muy linda, tiene buen cuerpo, pero ni siquiera la vi por estar pensando en ti. Los demás sólo tomaron una, yo siete, siete como los pecados capitales que me preguntaste cuáles eran. Salí y me puse los audífonos a escuchar una y otra vez la irónica canción de Felicidad de Gondwana. Llegué a casa y tenía un sueño brutal porque desde que te conocí no duermo por estar hablando contigo. Pensé en beberme una botella, saqué cervezas del refrigerador porque las botellas se darían cuenta en mi casa. Comencé a pasearme por mi cuarto sin saber exactamente lo que había visto. Encendí las bocinas y puse de nuevo el Play-list del dolor, decidí poner la canción que me habías dedicado justo ayer. Abrí la primer cerveza.

— No te entiendo.

— Estabas mandando un video y comentando sobre un acto que viviste según con tu padre, pero cosa que no fue cierta. Y ya decirte que no soy imbécil, bien que me doy cuenta cómo me engañas y pienso que, si así eres cuando no andamos, cómo sería si anduviéramos. Que bien que sigas con él, sé así eres feliz y que también, aunque me duele, él no se lo merece, si ya sé que eso te lo dije en la mañana. Al llegar a tu casa dejé de pensar en las expectativas de lo que podría ser, estacioné el carro un poco lejos para que no lo vieras, apago el motor, pongo el freno de mano, abro la puerta, me paro y cierro el carro. Volteo hacía tu casa y veo que no hay nadie. Saco un cigarro y busco un encendedor, forcejeo porque estaba nervioso, cuando lo saco se cae al piso, debajo de un carro de tus vecinos y me agacho a buscarlo, me cuesta trabajo pero termino lográndolo. Prendo mi cigarro, volteo de nuevo a tu casa ya ahí estabas, con él. Reían, se veían muy felices, y me tragué el humo. Me quedé paralizado un momento, después me moví de ahí porque iba a pasar un carro por la calle. Hace tiempo que la cabeza no me dolía de esa forma, te lo digo en serio, pensé que moriría y quise irme inmediatamente de ahí, pero las piernas las tenía congeladas y no iba a poder manejar. Prendí otro cigarro y en eso, se abrazaron, él te dijo algo que te dio risa y lo miraste a los ojos y le contestaste y ya después, se besaron. Se fue y se dio vuelta en la esquina. Quise hablarte, pero ahí reflexioné que no soy un plato de segunda mesa ¿me explico? ¡NO SOY UN PINCHE SEGUNDO PLATO!

— Escúchame ya y cálmate por favor, no sé por qué dices eso si no lo er...

— Pero no te dije nada, me desvanecí en la calle y me solté a llorar, si a llorar. Una señora llegó y me preguntó si estaba todo bien y le dije que obvio no, pero ella se refería a otra cosa, y le dije que ¿Cómo era posible que me dijeras que soy tu Sol y que soy en lo que más piensas en todo el estúpido día si al final él te venía a dejar y quizá también se lo decías como a mí? La señora me dijo que no arreglaba nada con odio, que te dijera lo que sentía y le dije que sabes más de eso que lo que sabes de reciclaje del plástico, entonces la señora se quedó callada, movió su boca como si ya no tuviera ni una palabra alentadora, pero antes de irse me dijo; y se marchó. Me paré y me dije que no tenía por qué seguir arrastrándome por cariño a medias como un amigo tuyo, así que le hablé a ella, la chica que hablamos el otro día. Fingí la voz, que estaba yo genial y que quería platicar con ella. Caminé por la calle hasta el carro y me puse en marcha, seleccioné la música que odias, le subí todo el volumen y me sentí aliviado, como desquitándome. Llegué al punto de encuentro con ella y con toda la serenidad y tranquilidad le pedí otra oportunidad para ser felices.

—Me alegro por ti, bueno por ustedes.

—¿Ves a lo que me refiero? Te estoy diciendo todo lo que pasé y me contestas con un “QUE BUENO POR USTEDES” al carajo contigo, nunca entiendes lo que te quiero decir.

—Hablamos en la mañana, te marqué y me dijiste que ya no ibas a decir nada. Ya ves como no respetas lo que prometes.

—Si te digo todo esto es porque en la llamada de hace rato no lo pude decir, porque simplemente querías escuchar una cosa, sin escuchar todo el contexto.

—Que si pero eso ya lo hablamos y vamos a volver a llegar al mism…

—No interrumpas lo que tengo que decir. No todo es miel sobre hojuelas, no me gustas en muchas cosas, no eres perfecta, eres hermosa pero no perfecta; no me gusta que digas “mucho muy” eso está mal dicho, no me gusta que seas tan distraída, no me gusta la forma en la que miras y callas las cosas sólo cuando tú crees no debes decirlas. No me gusta que no hables y te quedes callada cuando te pido tu opinión, odio la manera en la que tardas en contestar lo que te pregunto, me incomodan muchas cosas de ti. No todo es color de rosa, pero eso no me importaba porque así tenía que ser, saber convivir uno con el otro, yo tenía que dejar de pensar tanto en las cosas y tu tenías que ponerle más atención a esas mismas cosas. Por eso me esforcé tanto en que esto empezara bien, porque para mí no era una cualquier conquista, no eras cualquier chica, no, pero tampoco te veía como la madre de mis hijos, obvio tampoco, pero sólo quería que se diera algo muy bonito, que sí teníamos potencial, sí nos quería, si nos tenía confianza de que podíamos ser la Luna y el Sol. Pero parece que el querer ser diferente está mal, ¿Recuerdas mi Expecto Patronum? Si, así se llama el hechizo que te mencioné ¿Sí recuerdas lo que te dije de el momento más feliz de mi vida? ¿Si lo recuerdas?.

—Si.

—Pues me faltó contarte, porque ese día mi… papá me prometió estar conmigo para toda mi vida, y no lo hizo. No cumplió su promesa.

— ¿A qué va todo esto?.

—Por eso me da miedo, que nos prometamos tantas cosas y al final… nada. Porque si, ya, no quería que un día llegaras después de tu tiempo para conocernos y que me digas Y que al leer la revista de Algarabía me recordara a ti, que no vaya al autocinema porque yo quería conocerlo contigo, así como en las películas están puros enamorados; todo lo que hiciste, tocaste y hablaste que era especial de ti, lo iba a odiar. Seguro eso iba a pasar.

—Pero yo jamás haría es…

—¡No hables con un carajo! Porque sino voy a dejarme llevar por tu voz y ya no podré decirte todo esto que hay aquí adentro. Desde ése día, el mejor de mi vida, busqué ser el mejor, años más tarde te conozco y sigo en busca de ser mejor que otros. Pero veo que eso es un problema, yo creo que si me valdría madres, si no recordaría todo, si no me importara todo, si no me fijara en todo y fuera un pinche banal que sólo te ve lo físico, quizá así sí hubiera tenido oportunidad contigo. Caminé en el departamento pensando en ti, en el adiós que había pasado, caminé por mi cuarto encerrado unas cuarenta veces mientras sostenía tus aretes, como si no supiera en dónde estaba la ventana más cercana y arrojarlos muy lejos, te juro que lo pensé pero no lo hice, así que decidí salir a caminar y pensar en lo que habíamos hablado, en el adiós. No le dije a mi mamá nada, sólo salí, prendí un cigarro o tal vez tres, prendí muchas veces, unas quince yo creo, con la tutsi de chile y los aretes apretados en mi diestra. Creo que ni me daba cuenta de que daba media vuelta, que la gente me veía, que al final de cada extremo de la calle regresaba y volvía a dar el mismo recorrido. Después encendí el último cigarro hasta que me dio asco fumar, me percaté que me había acabado la cajetilla nueva, lo apagué y me metí a mi casa de nuevo. Prendí mi computadora y lo primero que abro es tu muro, con la esperanza de que ya no tengas ése nombre artístico que te liga a él, siempre esperaba ver el acrónimo que hice con tu nombre, pero no, nunca fue así. Y de ponto pasó lo que te dije hace ratito, las manos me sudaron, se me resbalaban cuando escribía en el teclado. Me entró una desesperación y quebré la figura que estaba haciendo para ti, tenía forma de un mundo rodeado del Sol y La Luna, entró mi mamá a mi cuarto y me preguntó que qué había pasado, y le contesté que nada. Y entonces entendí que era eso lo que necesitaba, ver algo que se quebrara. Me fui para la escuela viendo nuevamente mi película favorita todo el trayecto que puse en mi celular.

—¿Ya puedo hablar?.

—Te vi con un sujeto que te abrazaba, que despedía amor por ti, quizá uno más que yo, porque te dedicaba poemas de Benedetti. Se veían como en una de las fotos que traen los retratos, una pareja feliz y sonriendo.

— ¿Qué?

— Te vi con un tu novio abraz...

— Sí te entendí, no soy tonta, pero eso tu ya lo sabes ya lo habías vis…

— Escucha, sé que soy raro y que ya llegué al punto de hartarte con mis pendejadas, mis estúpidas cursilerías de niño pre adolescente que no sabe lo que quiere en la vida, como un pinche inmad…

— ¿Qué carajo te pasa?

— Soy raro, lo sé.

— ¿Estás llorando?

— Soy una persona que por querer hacer todo perfecto lo termina haciendo mal, porque la perfección no existe. Lo sé, sé que es un estado que a cualquier mujer le incomodaría, que alguien le importe de sobremanera en tan pocos días y esté con el mismo tema de siempre y que no se dé a entender con todo lo que dice. Quiero que sepas que me importas, que recordaré todo lo que pasó, que te recordaré toda mi vida, que te volviste mi Luna tan rápido, tan rápido como terminó. Pero sólo puedo pedirte una cosa; que recuerdes mi nombre porque quizá algún día veas algo en un futuro, en muchos años después, cuando estés salvando al planeta de la contaminación en la que vive y de pronto escuches una canción que hable de ti, que vayas al cine y te encuentres con una película que hablará de nuestra historia, que quieras comprar un libro y que mi nombre esté ahí y que en la página de dedicatorias esté tu nombre ahí mismo, que vayas a comer a un restaurante y veas que el menú está dedicado a lo que a ti te gusta comer. No sé qué pueda pasar ni cómo, porque así como te conté cuando me quise ir a Guanajuato y el destino en el que ni tu ni yo creemos vuelva hacer que de forma indirecta nos volvamos a encontrar, y así, sólo así te puedas dar cuenta que sí hablaba enserio, que sí era un futuro que esperaba contigo, que sí fuiste mi Luna para todas las noches que me restan. Gracias por eso, por volverme a inspirar y sacar lo mejor de mí, por volver a entusiasmarme al escuchar un mensaje entrante a mi celular, por preguntarme cómo estoy todos los días, por decirme que también me pensabas, por decirme que me querías de aquí al Sol y de regreso muchas veces, por todas las cosas buenas que aprendí contigo, por las cosas malas. Lo siento, pero no puedo ser tu amigo, no puedo estar a lado tuyo sin poder besarte ni decirte lo hermosa que eres, que me encanta tu risa, tu voz y tu acento, sinceramente no podré, tampoco podré ir contigo a los mismos lugares que has ido con él, nadie puede, eso no es posible. Ojalá puedas entender.

— Sí lo entiendo, he estado en tu lugar tambi…

— No, no lo entiendes, no tienes empatía porque…

— No hables por los demás ok.

— No, no entiendes, porque para ti es fácil, si no es con uno es con otro.— Tú también tienes novia o ¿Crees que no lo entendí esa vez?.

— Cuando se quiere algo, no se necesita de tiempo para decidir qué hacer, simplemente se hace.

— Mira, sé que no recordé muchas cosas de ti al principio, pero sí las recuerdo, recuerdo mucho de ti, puedo decirte a qué olía cuando me contaste el mejor momento de tu vida, qué canción estaba escuchando de fondo, lo recuerdo topo, pero si lo que quieres es que te olvide pues está bien, lo olvidaré, o más bien, prometo intentarlo, va. Ya me tengo que ir.

— No te puedo pedir que me recuerdes, pero no soporto la idea de que me olvides.

— Que estés bien.

— No voy a estar bien.

— …

— Te quiero mucho.

— Yo también y lo sabes, me tengo que ir.

— ¿Supongo que te veo el sábado en la clase?

— Aún no sé si me vaya a inscribir. Pero de verdad, me tengo que ir. Adiós.

— … Adiós.

— …

lunes, 12 de marzo de 2012

6 Days With Her.

Me desperté temprano 7:23 a.m. para revisar si no había un mensaje tuyo, nada. Me vuelvo a acostar y cierro los ojos. Fuerzo a que sueñe que sí me contestas, me despierto, 8:09 a.m. no me has contestado. Vuelvo a dormir justificando que se te dificulta hacerlo y no porque no quieras. 8:56 a.m.. vuelvo a revisar, sin nada. Apago el celular y lo vuelvo a prender por si había una falla en la señal pero, nada. Me vuelvo a acostar y me pongo mis audífonos, escucho música que sé que me hará sentir peor, pero justo ésa busco y reproduzco. 9:44 a.m. reviso de nuevo, sin resultados. Miro el techo y trato de convencerme de que no necesito que me contestes, que no es necesario, que debo alejarme de ti lo más rápido posible, que eres una persona que no me agrada, trato, busco y logro encontrarte errores que creo que me harán verte de otra forma; empiezo a criticar tu forma de escribir, empiezo a quererme burlar por tus muletillas, empiezo a ser ridículo por juzgar tus actitudes, tus gestos, empiezo a segregar adrenalina por creer que está funcionando que, en verdad quiero verte como todas las personas y no estar dispuesto a ti en todo lo que quieras que haga, me repito que no soy así y ni que debería, que no es sano y que nada de esto me llevará a aun buen futuro, si me conjugo a mí mismo, porque tu no estás en mi futuro. Así continúo hasta que… 10:04 a.m. Llega un mensaje, leo inmediatamente de quien es y no empieza con la letra de tu nombre, no continúo leyendo, no me interesa. 10:09 a.m. me levanto por inercia, me lavo la cara y me miro al espejo fijamente y trato de no pensar en por qué no me has contestado y vuelvo a sentirme culpable. Inmediatamente me pregunto por qué me siento culpable si tu me has hecho sentir mal. Empiezo otra vez a querer verte de diferente forma. Dejo de mirarme al espejo y me río porque, estoy hablando solo. 10:23 a.m. Planeo ir a la cocina y prepararme un jugo, antes paso y verifico que no hayas contestado, nada. Preparo mi jugo mientras trato de pensar en los beneficios que proporciona la vitamina C en los cuerpos humanos, pero es inútil, no dejo de sentirme culpable y no dejo de pensar en ti. 10:28 a.m. Me siento en el sillón y prendo la tele, empiezo a buscar como si tuviera un programa especial que ver a esa hora y en eso, uno de los títulos empieza con la primer sílaba de tu nombre y selecciono ver, es el canal alemán, no entiendo; así como, tampoco te entiendo a ti. Sigo cambiando de canal y voy bebiendo mi jugo, llego a los canales de películas y parece que la empresa de televisión satelital se desquitó por no pagar a tiempo, poniendo en su programación de hoy puras películas que me harán sentirme peor, aunque ya haya escuchado canciones que me quitaron la poca energía con la que amanece uno cada día, no me harán nada las películas, creo. 10:36 a.m. Aparece las películas clásicas en blanco y negro, “casualmente” es Un Perro Andaluz de Luis Buñuel, un día antes me dijiste que lo viera… estúpido karma. Cambio de canal y está una caricatura y no le vea nada de malo hasta que un personaje le dice al otro –Me gustas- cambio de canal. Está una película cómica, de esas que al primer vistazo te ríes, me pareció agradable y deje el control a un lado, bebí más de mi jugo y sonreí al ver las escenas, pero inmediatamente, como si mis glóbulos blancos en conjunto con todo mi sistema inmunológico se pusiera de acuerdo para poder advertirme que; es una película cómica, típica de Estados Unidos en la que al final se besarán, se dirán lo mucho que han amado uno al otro todo este tiempo sin que lo sepan, sonará una canción tipo Blink 182 que me hará buscarla y estar dentro del play-list que escucho para hacerme daño en días como estos. Entro en conciencia que soy un tonto y cambio inmediatamente de canal. Explosiones, disparos y sangre, cambio de canal. Hay un documental que hace tiempo vi y me gustó, decido dejarle y 10:54 a.m. suena el teléfono, bajo el volumen del televisor, corro inmediatamente a contestarte y veo que, tampoco es tu nombre, dejo el teléfono y no contesto. Vuelvo a sentarme en el sillón mientras veo pasar el documental en silencio. Tomo de mi jugo, lo dejo. No me siento cómodo y me paro, prendo la estufa para hacerme algo de desayunar, dejo el sartén en el fuego y voy al baño a lavarme la cara de nuevo, pero ya sin verme. Le doy volumen a la tele y le subo más de lo normal, no basta. Prendo las bocinas y selecciono ésa música que no te gusta y escucho fuertemente. Voy a la cocina y me preparo un licuado, saco rápidamente lo que sea para prender la licuadora y la dejo ahí triturando. Abro la llave de la regadera para meterme a bañar dejando una cubeta abajo para no desperdiciar esa agua. Me preparo más jugo, presiono con fuerza el extractor para que haga más ruido, que todo el departamento esté lleno de ruido y no escuche cuando me llames. 11:13 a.m. Empieza a oler a quemado el sartén, la licuadora se escucha forzada, el extractor de jugos está flojo, lo apago. Escucho que el agua está cayendo y la cierro inmediatamente, ya está caliente. Le bajo el volumen a la tele y apago las bocinas, y pienso en mandarte un mensaje. 11:15 a.m. Se llega un mensaje, dudoso voy a verlo, tampoco es tu nombre. Prendo un cigarro, me paseo por el departamento pensando que esto no debería estar pasando, que no es sano para nadie el portarse así. Busco un cenicero y dejo el cigarro. Pienso en que debí mandarte un mensaje hoy temprano, me digo que lo voy hacer y empiezo a redactarlo, no me gusta y lo borro. Vuelvo a redactarlo, tampoco me gusta y lo borro. Pienso en mandarte un poema pero no logro hacer uno. Me paro y busco entre mis libros de hace años un poema que me haya gustado, no lo encuentro, hace años que no tenía la necesidad usar uno y deserté en la búsqueda. 11:38 a.m. pienso en llamarte y decir que fue un error, quería llamar a otra persona, sólo para escuchar tu voz. De nuevo me digo que no me comporte como un imbécil. Se me ocurre una idea, saco la guitarra y empiezo a preparar unos acordes melódicos con una tonada que parecía que estaba diciendo tu nombre, no me concentro, empiezo a tocar otros tonos sin sentido, dejo la guitarra. Saco un libro sobre el análisis actual del país, lo abro, me salto los agradecimientos, empiezo a leer la introducción y no me concentro, me justifico que no es necesario leer eso. Leo el capítulo uno, termino el primer renglón y no entendí nada, vuelvo a leerlo, y el mismo resultado. Paso al índice para ver el capítulo que es interesante. Cierro el libro diciendo en voz alta –Así no se lee un libro- Me paro y vuelvo a ver la tele. Me siento, me vuelvo a parar mientras le cambio de canal. Me hinco, me siento, me paro, me vuelvo a hincar, camino, me siento, en cunclillas, me recargo en el sillón, me vuelo aparar, camino, me siento, volteo para todos lados y me siento en el suelo, me acuesto, me acomodo. Llegué otra vez al mismo canal, le di vueltas a todos y no observé nada, ninguno me gustó para ver. Me paro, busco en un cajón algo escondido, la huelo, le quito las semillas y lo meto en madera. Agarro el encendedor y busco una película, una que te conté ayer y que empezamos hablar de ella, si, ésa. Le doy play y empiezo a verla mientras prendo el encendedor y fumo. Empiezo a sentirme más tranquilo, ya no tengo la hiperactividad. Le pongo subtítulos porque no quiero pensar, sólo quiero sentir. Fumo de nuevo. Y aparece el personaje que juraste no ser así. Aparece el personaje que dije que yo era así, estábamos en la tele. Vuelvo a fumar. Agarro la funda que cubre la película y veo que dura 93 minutos. 12:23 p.m. Tengo 93 minutos para vernos en la tele, aunque sé que al final te vas en ambas historias, me quedo tranquilo viendo, pero aún más tranquilo porque, tengo 93 minutos para no esperar a que me contestes el mensaje donde te dije que, simplemente sonrieras.

Dos cervezas, por favor.

Eso de salir con alguien es muy difícil, tratar de planear qué o dónde se hará lo que se tenga pensado hacer es bastante laborioso, incluso más que la elaboración de un tema de tesis, creo. Es verdaderamente difícil; primero en decidir qué se va hacer, posteriormente dónde se va hacer, después a qué hora se va hacer y al último se preguntará si se está seguro de que eso se quiere hacer.

Ahora agrégale un grado más de dificultad si llevas tiempo esperando esa salida. Y no porque se trate de alguien en especial, es porque uno sabe lo difícil que es eso, pero, también podemos decir que es por alguien en especial.Usualmente la primera vez que ves a alguien se va a "dar la vuelta", a comer, por un café o al cine, la mayoría de las veces es así y como en todo, cuando te cambian de alguna rutina (aunque no salgas seguido con gente, eso se vuelve una rutina) no sabes cómo reaccionar ante algo distinto y en éste caso, si no sales por una comida, café, película o caminata, no sabes cuál sería el protocolo si sales con ésa persona que se está volviendo especial; sales a un bar...

Estás ya en la mesa, sentado en las sillas incómodas que se tambalean, con tu primer bebida puesta ya. Brindas por "lo que sea". Bebes mientras miras a la persona que tienes enfrente, empiezas a observar cómo toma pues, no vas a tomar de más o de menos, primero tienes que saber cómo es, pues no se trata de un café, es de una bebida que en unas horas te cambiará de estado, ya sea para bien o para mal. Empiezas hablar con monosílabos y temas que no tenías pensado hablar; como los amigos en común, lo que le pasó a cada uno quince minutos antes de verse, los amigos en común otra vez, de cómo le va a cada uno en la escuela y cuando te das cuenta de que mientras hablas con toda la seguridad de que lo que dices es interesante, innovador y que nadie le había dicho eso, en ese momento observas que mira hacia otro lado. Como eso transigió a cambiar el ritmo de la conversación piensas ¿qué es lo que le gusta entonces? pero de qué podrás hablar si estás acostumbrado a que en un bar se habla de cualquier cosa que en una comida, café, cine o caminata no se habla pero ahora tienes que improvisar ya y hacer de ti algo interesante, sino fin, todo se acabará.

Lo peor que te puede pasar es que por los nervios empieces a tomar de más y por lo tanto, hables más y lo hagas mal, o que exista un silencio tan largo que no creerás que fueron 20 segundos. Lo mejor que puedes hacer es decir los mejores chistes que sepas pero decirlos en primera persona, para que así vuelva la sonrisa a su rostro, esa sonrisa que tanto te gusta, y aunque sea muy deshonesto, es el único recurso para recuperar la noche porque si recuperas su atención descubrirás que les gustan las mismas cosas y odian un montón más, que nacieron el mismo mes y que conocen los mismos lugares que uno frecuenta; que los dos aman ser ecológicos y creen que El Día de la Tierra no sirve para nada, cuyos fundamentos se saben de memoria. Entonces la primer bebida no será suficiente de que sea la primera pues habrá una segunda cita en ése mismo bar, una tercera, una docena, un aniversario, años y años de cerveza en diferentes bares de la ciudad, ya después serán comidas, cine, fiestas, reuniones familiares, conversaciones telefónicas y un larguísimo etcétera hasta que, de pronto, haya un punto final y odies la cerveza.

domingo, 11 de marzo de 2012

Yellow ledbetter.

No sé por qué me pregunta muchas veces lo mismo, quizá y le guste cómo lo cuento y eso, de cierta parte creo que es bueno, así me pedirá una y otra vez porque le gusta. O tal vez es no lo cuento como debería ser (aunque no sé cómo es la forma correcta de hacerlo)  por eso no me explico bien lo que quiero comunicar y por eso me pregunta lo mismo, algo recíproco como la frase que dice "Tú recibes el amor que das" que dijeron los Beatles, algo así  creo.

También podría ser que ella tenga un...

—¿Qué?. ¿Por qué me miras?.
—¿Qué no te puedo ver?.

 Carajo, no debí decir eso, o ¿Qué? ¿La estás retando? Ahora alzó esa ceja como si no entendiera por qué dije eso. No entiendo, bueno o sea si sé porque tiene una personalidad así, pero de todas formas no entiendo y no importa que tenga escasos momentos de conocer su vida, sus gustos, sus emociones y sus disgustos, no importa porque hay algo que me...

 —¡¿Qué?! ¿Por qué me ves?.
—Está bien, ya no te veré.

 Con un carajo ¡deja de verle los ojos! Es inevitable, lo sé, pero deja de ver así, se está asustando. Mejor le doy un trago a esa bebida que ya se está calentando pero no importa, porque...

 —Oye ven, acércate para acá ¿Si?.
Oh por Dios.  —Si, si claro.

 La decisión más firme que tuve en el día porque, fue algo exacto; en el momento en el que terminé de cambiarme de lugar y le pregunté ¿Qué pasó? Mientras movía mi bebida que cada vez se calentaba más, empezó ésa canción que todos me habían comentado que era especial y que para mí no lo había sido nunca, hasta ahora.  Se recarga en mi hombro, se acomoda el cabello  y empiezo a paralizarme al ver cómo lo hace. Se vuelve a recargar en mi hombro y observo su mano porque la empieza a mover al mismo ritmo de ésa canción, como si también la estuviera cantando, como si también le significara mucho este momento. De pronto deja de moverla y recarga en mi brazo su mano, veo sus pulseras y las memorizo con sólo tocarlas, después, un poco arriba, en su brazo, dos lunares y los veo, mientras en voz baja estoy cantando la canción que ya se volvió especial y a la vez veo la bebida que ya está caliente pero no importa, sigo dando círculos en escala reducida de la figura de su brazo y en eso, bajo la mirada para verle los ojos, ese acto transigió una sonrisa, una de esas que sólo su ser sabe surgir de mi. Alza la cara, me observa a los ojos y me sonríe, una de esas sonrisas que paralizan la respiración. Y le pregunté:

 —¿Estás bien?.
—Si, y ¿Tú?.
—También...

domingo, 4 de marzo de 2012

viQo 2.0

Dejé de usar mi blog porque quería hacer algo mejor, un contenido más profesional y con más capacidad de penetración en la gente; un podcast sobre la comida, hablando de alimentación, nutrición, creencias, mitos y demás temas interesantes para analizar, con un toque humorístico, o sea como soy yo. Lo tenía tan bien planeado que incluso aún no salía el primer capítulo y ya estaba escribiendo el guión del episodio 4. Todo ese making of era risas y diversión hasta que, en julio del año pasado, a alguien se le ocurrió la brillante idea de meterse a mi departamento, robarme mi computadora, mis fotos, mis guiones, mis avances, mi soundtrack, mis grabaciones, mi episodio piloto, mis análisis alimentarios, mis notas periodísticas y mis artículos de internet, claro, independientemente de todo lo demás que tenía ahí y por lo cual sufrí, si, sufrí por cosas, típico del hombre. Así que todo lo perdí, aquel proyecto que empezó con una vaga idea en mi mente y que creció hasta el punto de comprar micrófonos y software necesarios para su elaboración, fueron robados. Ahora, a casi ocho meses del robo a casa-habitación (siempre me dio risa ese nombre en la delegación), decido regresar a escribir en este Blog, como lo hacía antes de emigrar a lo sonoro y no sólo quedarme con lo escrito. Pero ¿Por qué? Si tuve la oportunidad de comprar otra computadora, incluso mejor que la predecesora, ¿Por qué? Exactamente no lo sé, pero que sí tuve la intención de volver a intentarlo pero, desafortunadamente todo lo que se empieza hacer por gusto sale muy caro, tenía que comprar software originales a un costo aproximado de $1800.00 y hardware de más de $2000.00 y pues por obvias razones, no tengo. Así que, tuve la intención de volver a intentarlo, pero no había fondos suficientes para generar un contenido de calidad, tuve de nuevo una computadora, tuve de nuevo otro micrófono, obtuve nuevos artículos de interés, entonces ¿Por qué regresé a este Blog? Que probablemente seguirá como antes, vacío por lectores, pero eso no importa o por lo menos no me importó cuando lo abrí y cuando lo volví a abrir hoy, ya que me preguntaba en una sesión pre onírica ¿Seré bueno para la edición de audio? Quizá no lo sepa pronto, pero de algo sí estoy seguro, que para juntar y lograr una armonía de las letras lo tengo desde que empecé a cambiar mi tono de voz y a pasar más tiempo en el baño porque... empecé a rasurarme. Así que aquí seguiré hablando de mí, en lo que en emociones y sentimientos se trata. Y para empezar; Siempre hago lo mismo: al tener un nuevo cuaderno para mis materias en la carrera, en el inglés, algún curso, una clase especial o uso personal, les hago lo mismo, pongo a prueba sus hojas; primero con un dibujo de alguien que esté presente en mi mente ese día, después escribo un verso que desahogue mis sentimientos de otro día, posteriormente, unas planas para mejorar mi caligrafía, signo de que estoy aburrido de estar en ese lugar ése día, y ya al último, me dibujo con los ojos cerrados. Siempre hago lo mismo. Que significa nada. Y no lo uso nada de lo que hago ahí después. Pero me gusta cómo se ve lo que hago sobre el papel. Disfruto de esas cosas raras que me hacen único y raro y más raro que único, pero me hacen algo y ese algo, no es fácil de encontrar y menos de olvidar.